Una ola de calor sin precedentes en Corea del Sur volvió visible un riesgo que suele subestimarse en la planificación productiva: el estrés térmico en frutilla puede comprometer el material vegetal antes de que llegue al campo. El episodio afectó a un productor de Damyang que perdió plantas jóvenes cultivadas durante tres meses, según un reporte publicado por The Guardian el 13 de agosto de 2026.
El caso no constituye un ensayo científico ni permite cuantificar pérdidas para toda la industria. Su relevancia está en mostrar la vulnerabilidad de la etapa de vivero frente a temperaturas extremas. Para Chile y Latinoamérica, la noticia funciona como una señal preventiva de cara a la próxima temporada cálida, no como una alerta de condiciones equivalentes en la fecha de publicación.
Estrés térmico en frutilla: por qué el vivero es un punto crítico
Las plantas jóvenes disponen de menos volumen radicular y menor capacidad para amortiguar cambios bruscos de temperatura y humedad. En bandejas, contenedores o sustratos con poca masa, el calentamiento puede acelerarse y el margen entre déficit y exceso de agua se estrecha. Si el daño alcanza coronas, raíces o brotes, el problema no termina en el vivero: puede afectar el establecimiento, la uniformidad y el potencial productivo del cultivo posterior.

En Damyang, una zona reconocida por su producción de frutilla, el agricultor citado por el medio británico informó la pérdida de plántulas que había manejado durante tres meses. El reporte añade que el seguro agrícola disponible no cubría ese daño. Es un testimonio individual, pero ilustra un riesgo técnico y financiero: la inversión acumulada en plantas madres y propagación puede quedar expuesta en pocos días.
La ola de calor fue excepcional. La ciudad surcoreana de Yangsan alcanzó 42,5 °C el 2 de agosto, el valor más alto del país desde el inicio de los registros modernos en 1904, según la cobertura. El evento afectó además a otros sistemas agrícolas y pecuarios de Asia. Estas cifras describen el contexto meteorológico; no demuestran por sí solas un umbral universal de daño para la frutilla.
Qué recomiendan las autoridades técnicas de Corea
Meses antes del episodio, la Administración de Desarrollo Rural de Corea había difundido orientaciones para el manejo de frutilla en instalaciones protegidas. Entre ellas, mantener la temperatura diurna por debajo de 30 °C, la nocturna bajo 15 °C y el entorno radicular cercano a 20 °C. También recomendó sombreo de 30% a 50%, ventilación, circulación forzada de aire y riego por goteo.

La guía sugirió mantener la humedad del sustrato entre 50% y 60%, evitando tanto el déficit como el exceso de agua. Advirtió además que las temperaturas altas pueden favorecer arañitas, pulgones y oídio. Estos valores son recomendaciones institucionales para condiciones productivas coreanas; no deben copiarse como receta para todas las variedades, sistemas o regiones.
El manejo práctico comienza con mediciones diferenciadas. La temperatura del aire a la altura de las plantas no reemplaza la medición del sustrato, y un promedio diario puede ocultar picos críticos. En viveros, conviene revisar sensores, ubicación de sondas, alarmas, capacidad real de ventilación, uniformidad de riego y respaldo de energía antes de un evento extremo.
Lecciones aplicables a Chile y Latinoamérica
La principal aplicación regional es de gestión de riesgo. Cada vivero debería definir umbrales propios a partir de variedad, etapa fenológica, tipo de contenedor, sustrato, calidad de agua, radiación y capacidad de enfriamiento. La respuesta puede combinar sombreo, ventilación, manejo de cortinas, circulación de aire, riegos cortos y oportunos y reducción de fuentes adicionales de calor, siempre verificando el efecto con datos.
Más agua no equivale automáticamente a más protección. Un sustrato saturado reduce la aireación radicular y puede aumentar problemas sanitarios. Del mismo modo, un sombreo excesivo puede alterar el crecimiento y la aclimatación. La decisión debe equilibrar temperatura, humedad, oxígeno y radiación, con inspección frecuente de raíces, coronas y follaje.

También existe una dimensión de trazabilidad. Registrar temperaturas máximas, duración de los episodios, humedad del sustrato, acciones correctivas y respuesta de cada lote permite identificar qué materiales o sectores fueron más vulnerables. Esa información puede apoyar decisiones de descarte, endurecimiento, fechas de trasplante y diseño de infraestructura.
Qué falta por demostrar antes de convertirlo en protocolo
La información disponible no establece una relación dosis-respuesta entre temperatura, duración del calor y mortalidad de plantas de frutilla. Tampoco identifica la variedad afectada, el sistema exacto de propagación, el estado sanitario previo ni el manejo aplicado durante el evento. Por eso, no corresponde atribuir toda la pérdida únicamente a un valor térmico.
Las recomendaciones coreanas ofrecen un marco técnico, pero su transferencia a Chile o Latinoamérica requiere validación local. Diferencias en radiación, humedad relativa, amplitud térmica, agua, infraestructura y genética pueden modificar la respuesta. Ensayos controlados deberían evaluar no solo supervivencia, sino calidad de corona y raíz, establecimiento, floración y rendimiento posterior.
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El episodio deja un aprendizaje distinto a la discusión sobre protección invernal: el vivero debe considerarse infraestructura crítica frente al calor extremo. Medir, anticipar y documentar la respuesta resulta más sólido que reaccionar cuando el daño ya es visible. Para el sector frutillero, la preparación climática comienza mucho antes de la cosecha y exige integrar agronomía, sanidad, infraestructura y gestión financiera.
FUENTE:
- The Guardian. Fuente periodística.
- Yonhap News Agency / Rural Development Administration (Corea). Fuente técnica complementaria.





















































