El Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) entregó 17 mil plantas de frutilla de alta calidad sanitaria a 170 productores de la Agricultura Familiar Campesina del Maule. La distribución, realizada en septiembre de 2026, es un avance concreto de un proyecto que busca mejorar el acceso a material vegetal identificado y transferir capacidades para que los agricultores puedan multiplicarlo bajo condiciones controladas.

Cada productor recibió 100 plantas de la variedad Albion. El material se originó mediante cultivo in vitro en el Laboratorio de Biotecnología de INIA Quilamapu, en Chillán, y luego fue multiplicado vegetativamente por estolones. Los beneficiarios pertenecen a Chanco, Pelluhue, Empedrado, Parral, Longaví, Retiro, Villa Alegre y Yerbas Buenas.
La entrega no debe interpretarse solo como un reparto de plantas para una temporada. El objetivo declarado es establecer un sistema regional de abastecimiento de material de frutilla y frambuesa con identidad varietal conocida, respaldo fitosanitario y acompañamiento técnico para pequeños productores.
Plantas de frutilla de alta calidad sanitaria: por qué importa el origen
La frutilla se propaga vegetativamente. Esa característica permite conservar una variedad, pero también puede multiplicar problemas cuando los estolones provienen de plantas madre enfermas, mezcladas o de origen incierto. Una planta puede parecer vigorosa al momento de establecerla y, aun así, llevar consigo patógenos o una identidad varietal distinta de la esperada.
El proyecto FNDR “Generación de banco de germoplasma para la obtención de plantas de calidad”, financiado por el Gobierno del Maule y ejecutado por INIA, aborda ese punto de partida. El cultivo in vitro permite iniciar la multiplicación desde material seleccionado y trazable; después, la producción por estolones amplía el número de plantas disponibles.


La noticia, por tanto, no consiste en que el cultivo in vitro sea una técnica nueva. El avance está en conectarlo con un banco de germoplasma, un sistema de evaluación sanitaria y genética, y una estrategia de acceso para agricultores que normalmente encuentran barreras económicas o logísticas para conseguir este tipo de material.
Del laboratorio al predio: una cadena que debe conservar la calidad
El origen controlado reduce incertidumbre, pero no elimina la necesidad de manejo. Una vez que las plantas salen del sistema de propagación inicial, su condición dependerá del establecimiento, la higiene, el sustrato o suelo, el agua, las herramientas, el control de vectores y la selección de plantas madre.

Por eso, INIA acompañó la entrega con transferencia técnica sobre establecimiento, manejo inicial y multiplicación vegetativa. La meta es que las 100 plantas recibidas por cada agricultor funcionen como un núcleo desde el cual pueda generarse nuevo material, siempre que se mantengan condiciones sanitarias adecuadas.
Este punto es especialmente relevante. Multiplicar plantas propias puede reducir dependencia de proveedores externos y mejorar la oportunidad de plantación, pero también puede reproducir rápidamente un problema si se pierde la trazabilidad o se usan plantas con síntomas como madres. La autonomía que propone el proyecto no equivale a multiplicación informal sin controles; requiere criterios, registros y descarte oportuno.
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Un banco de germoplasma con alcance territorial
La iniciativa tiene una duración de 48 meses y contempla establecer en INIA Raihuén un banco de germoplasma de frutilla y frambuesa. En 2024, cuando el proyecto presentó sus primeros avances, INIA explicó que buscaba desarrollar evaluación de patógenos, identificación genética y un modelo de producción capaz de abastecer a la Agricultura Familiar Campesina.
La entrega de 17 mil plantas en 2026 muestra el paso desde la instalación de capacidades hacia una aplicación territorial. También incorpora a productores vinculados a la asesoría de INDAP y a agricultores interesados en diversificar sus sistemas productivos.
Para otras zonas de Chile y Latinoamérica, el caso ofrece una referencia institucional más que una receta directamente replicable. Un sistema semejante necesita laboratorios, protocolos sanitarios, conservación genética, infraestructura de multiplicación, trazabilidad y extensión. Su valor no depende únicamente de producir plantas, sino de sostener la calidad a lo largo de toda la cadena.
Qué está demostrado y qué falta evaluar
Está documentado que las plantas entregadas provienen de material obtenido in vitro, que fueron multiplicadas por estolones y que su identidad y condición sanitaria fueron respaldadas por INIA dentro de las exigencias indicadas para la entrega. También está confirmado el número de beneficiarios, las comunas participantes y la creación prevista del banco de germoplasma.
Todavía no hay resultados publicados sobre rendimiento, supervivencia, incidencia de enfermedades o calidad de fruta de estas 17 mil plantas una vez establecidas en los predios. Tampoco puede asumirse que la condición sanitaria inicial permanecerá sin cambios durante las sucesivas multiplicaciones.
El indicador decisivo será lo que ocurra después de la entrega: cuántos productores logran establecer núcleos sanos, mantener registros, multiplicar sin perder calidad y reducir la reposición desde fuentes inciertas. Si ese acompañamiento funciona, el proyecto podría fortalecer un eslabón poco visible pero fundamental de la producción: comenzar la temporada con plantas cuya historia se conoce y cuya calidad puede cuidarse desde el origen.
Fuente: Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA)

















































