Un piloto con frutillas de segunda categoría encontró una oportunidad concreta para recuperar valor desde fruta que suele quedar fuera del mercado fresco. También mostró por qué una buena idea no siempre es fácil de escalar: en siete semanas redujo 51% la pérdida en campo, pero el moho, la velocidad de deterioro y los costos de manipulación pusieron a prueba el modelo.
La experiencia fue realizada en California entre julio y septiembre de 2025 y sus resultados fueron publicados el 26 de agosto de 2026 por U.S. Food Waste Pact. El ensayo conectó a un productor con servicios de alimentación corporativa y distribuyó 9.992 libras de frutillas excedentes —aproximadamente 4,5 toneladas— entre 33 comedores empresariales.
No se trataba de fruta no apta para consumo. Eran frutillas comestibles que no cumplían todas las exigencias visuales o comerciales de la categoría principal y que, sin un comprador alternativo, podían quedar en el campo o terminar en destinos de menor valor.

Frutillas de segunda categoría: del campo a las cocinas
El piloto buscó comprobar si esa fruta podía venderse directamente a servicios de alimentación, donde la apariencia individual pesa menos cuando las frutillas se cortan, mezclan o incorporan a preparaciones. Participaron operadores vinculados a Compass Group, Guckenheimer y Sodexo, además de un productor, un distribuidor y un intermediario cuyos nombres no fueron publicados.
La fruta se cosechó al mismo tiempo que la categoría principal y se envasó en formatos con menos plástico. Durante siete semanas fue enviada a cuentas corporativas distribuidas en California. El objetivo era crear una salida intermedia: mejor pagada que la fruta para jugo, pero más económica que la categoría No. 1 para los compradores.

El modelo no desplazó las ventas de primera categoría. Según el informe, abrió un canal adicional para una fracción que ya existía dentro de la cosecha y que no siempre encontraba un destino rentable.
Resultados económicos y ambientales del piloto
El productor obtuvo un ingreso por libra 80% superior al valor de la fruta destinada a jugo. Para los servicios de alimentación, el costo de compra fue 22,4% menor que el de las frutillas No. 1. Esa combinación permitió mejorar el retorno en origen sin eliminar el ahorro del comprador.
El informe calcula además una reducción de 50% en el uso de envases plásticos tipo clamshell, equivalente a 4.996 unidades. La intensidad de emisiones de gases de efecto invernadero y de uso de agua bajó 31%.
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Este último resultado exige una lectura cuidadosa. El piloto no redujo los recursos ya utilizados para producir la fruta. La mejora ocurrió porque una mayor proporción de la cosecha llegó a consumo humano, distribuyendo el impacto productivo entre más kilos aprovechados. Es una ganancia de eficiencia, no una reducción directa del agua o de las emisiones del campo.
El moho y la logística cambiaron la evaluación
La principal limitación apareció en la condición de llegada. De las 9.992 libras entregadas, 21% fue rechazado por presencia de moho. En la semana más compleja, la tasa media de rechazo alcanzó 58%, y una cuenta desechó más de 90% de un envío.
La calidad también descendió a medida que avanzó la temporada. El puntaje medio informado pasó de 7,3 en julio a 6,8 en agosto y 5,0 en septiembre. El equipo acortó el tiempo entre campo y cocina desde 72 a 48 horas, pero la mejora no resolvió completamente la fragilidad de la fruta.

El distribuidor terminó con un resultado financiero negativo, porque los créditos por producto rechazado no cubrieron todos los costos de recepción, manipulación y despacho. Para el productor, el precio fue atractivo; sin embargo, la cosecha separada, el empaque no estandarizado y el enfriamiento añadieron trabajo. Tras el piloto, la adopción comercial de esta categoría fue baja.
Qué puede aprender la agroindustria latinoamericana
La experiencia no demuestra que cualquier productor pueda replicar el canal ni entrega una receta comercial para Chile o Latinoamérica. Fue un piloto de siete semanas, con participantes específicos, bajo condiciones logísticas de California y sin identificación pública de todas las empresas.
Su aporte está en mostrar qué debe resolverse antes de prometer una salida estable para fruta de segunda categoría: criterios claros de selección, cosecha y prefrío rápidos, envases adecuados, pedidos previsibles, trazabilidad de rechazos y una distribución de riesgos que no deje las pérdidas concentradas en un solo actor.
Para productores y agroindustrias regionales, también abre una pregunta útil. Entre el mercado fresco de primera calidad y el procesamiento de bajo valor puede existir espacio para formatos destinados a hoteles, casinos, restaurantes, congeladores o cocinas institucionales. Pero ese espacio depende de que la vida útil, el volumen, la frecuencia y el costo total funcionen al mismo tiempo.

El piloto logró rescatar fruta y mejorar el ingreso del productor, aunque no consolidó todavía un modelo escalable para frutilla. Esa tensión es precisamente su aprendizaje central: reducir pérdidas requiere crear demanda, pero también diseñar una operación capaz de entregar calidad constante sin trasladar los costos ocultos al distribuidor o al comprador.
FUENTE: foodwastepact

















































